Vemos a los demás bajo el espejo de nuestro prisma y muchas veces o lo infravaloramos o hacemos justamente lo contrario… nos cuesta tener una imagen completa del otro porque nosotros a nosotros mismos tampoco nos reconocemos de forma completa. 


No nos reconocemos como seres completos y esa misma lupa es la que usamos para contemplar a los demás. Entonces desde nuestra mirada sesgada o alabamos al otro porque reconocemos en él cosas que compartimos, o que nos gustaría tener o o lo vilipendiamos porque vemos sombras que no nos gustan o que no nos gustaría tener. 


Nos cuesta ver a los demás de forma completa porque no lo hacemos con nosotros mismos… Nos encanta mirar o hacer visible para los demás esas partes fragmentadas de nosotros mismos , algunas piezas del puzzle que queremos sacar a la luz ( por ejemplo la amabilidad, la cordialidad, la simpatía, el respeto) y nos cuesta más integrar en esa mismo puzzle otras piezas que no nos resultan tan agradables … nuestras áreas de mejora , ¡esas piezas que siempre hemos tratado de no hacer visibles , y que hemos estado guardando o tratando de esconder ante la mirada del otro!


No nos gusta o no queremos aceptar que somos el puzzle completo. Por ello cuando alguien nos descubre estas piezas o las saca de nuestro escondite, es posible que lo encajemos mal , porque quizá nuestra autoexigencia , y esa falta de visión de nuestro puzzle completo hace que pongamos en marcha un mecanismo de defensa que es la negación de esas piezas o la huida hacia delante ante la incapacidad de asumir que somos todo.


Si liderar es acompañar a las personas hacia su mejora y desarrollar e inspirar a los demás, deberíamos hacer un trabajo previo que es encontrar nuestra propias palancas de cambio… mirar hacia dentro... , observar esas piezas que no queremos o no hemos querido mostrar y aceptar nuestra querida “ humanidad”. Porque solo cuando abracemos esas piezas podremos llegar a nuestra propia excelencia. 


Porque para alcanzar la excelencia debemos aprender a contemplar sin pudor todas las piezas, las que nos gustan y las que no , y trazar estrategias que nos permitan hacer palanca en nuestros puntos fuertes para poder extender nuestro aprendizaje hacia nuestras áreas de mejora. Asi podremos aprender a  conectar con nuestra humanidad con humildad y compasión , y sin disparar alarmas o automatismo de defensa cuando nos descubrimos o somos descubiertos. 


Aceptar con humildad los feedbacks de mejora que recibimos de los demás y que nos hacen visualizar nuestras sombras es una de las cualidades fundamentales para conectar con nuestra grandeza y seguir creciendo en nuestro liderazgo. Porque nadie puede vencer dragones cegado por su luz. 


Nuria Sáez Lahoz 
#yoteacompaño